Quizás, el día que no nos separe más que el suspiro cálido de un ángel al oído, el cielo y el infierno se junten iluminando la conjunción perfecta de nuestras anatomías…
Y mientras tanto, el mundo sufrirá una seria de catástrofes mientras tú y yo nos reímos con los labios en zarcillos de plata…
Gaia despertará de su insaciable letargo y con un poco de suerte las nieves del Kilimanjaro se fundirán, inundando las calles empedradras que nunca pisamos de la mano…
Y todo el mundo flotará en su barca, esperando a Noé, y será él, y no otro, el que nos escoja a nosotros como perfecta unión de lo femenino y lo masculino, en representación a las pasiones fundadas en olas de hormonas que segregadas desde el principio de los tiempos…
Y quizás, en el estornudo de mis ojos, y en el respirar de tu boca, se forme el Tsunami que borre a golpe de agua las ojeras de una noche de vigilia esperando una sola llamada.
Y quizás sea esa, la conjunción perfecta de dos bocas a un mismo latido, las que suenen al unísono con el estallido del Apocalipsis de mi, o tu, corazón de piedra…
Y quizás por eso, los centímetros de tu jersey se acorten cada día, mientras que mis tacones crecen un centímetro por cada mes de julio que pasa…
Y quizás suene ahora el “chill out” de la armonía, porque no existe sincronía en dos almas dormidas…
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El mundo inspiró tranquilo mientras veía que te alejabas,
Y yo expiré sin encontrarte de 2 a 3, o de 3 a 2…
Te esperé, como Vitrubio espera…
Y aullaré como los lobos encelados
A la espera de tu luna verde…