Mostrando entradas con la etiqueta y conversaciones a trompicones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta y conversaciones a trompicones. Mostrar todas las entradas

miércoles, 20 de octubre de 2010

Elige bien la talla...la próxima vez


La altura no la dan los tacones, sino la gracia que tienes para andar con ellos...
To Alberto

miércoles, 27 de mayo de 2009

Celos...del viento

Siempre me gustó recordar riendo...o reír mientras recuerdo, lo cierto es que no termino de recordar bien que era... (jaja)

La verdad, es que río viéndonos jugar al perro y al gato mientras los ángeles vestidos de ron negro, y vozka blanco apagaban las luces que íbamos dejando a nuestro paso.

Supongo que será por eso, que me traslado al borde esquinado de tu inexplorable habitación roja, cuando pienso en aquellas que un día pudieran hacerte reír como yo. Y no me lamento...

No lo hago mientras me siento en la mesa de las siete esquinas al lado del carro del Heno, en el que se ha montado Eolo, trastocando todo con su absurda manía de soplar la paja para regalársela al viento. Y hay que ver, lo fácil que desaparece la alpahaca son un simple y tonto encuentro.

Pese a lo burda y basta que puedo llegar a sentirme vestida con las prendas del último otoño a primeros de junio, siempre me encontré un poco frágil (y digamos que ligera) mientras me miraba al espejo de azúcar, y supongo que será eso, lo que hace que me ponga verde (como buena bruja que soy) cuando recuerdo que un día perseguiste a la chica Bonsai mientras te comías las grosellas del árbol del Olvido.

Supongo, que mi condición de mujer (bruja o no) y esa extraña y malévola costumbre de desperdiciar semillas en cada uno de los ritmos circadianos de los días, me convierte en la frágil flor del cerezo, que siempre se meció al son del eco y de las canciones que le regalaba la musa de los vientos.

Supongo, que me falta el color en los labios, el negro en los ojos y la magia en las palabras para conseguir que mi presente sea futuro y deje de envidiar a un pasado que nunca existió y que mucho menos sabe reflejarse en el espejo...



Supongo que tengo celos,
de los que se comen
de los que se van lejos
...pero es que quiera o no...
tengo celos, celos del viento.




















Tengo miedo de mirarte desde la esquina encerrada...
...y no desde la silla que decora nuestro mundo paralelo







Miedo, de que pierda la noción

y que olvides la forma en la que caen

las flores del cerezo

sábado, 4 de abril de 2009

Fotografía


No sé el tiempo que hace que nos conocemos,

ni el tiempo que queda para volver a conocer algo más de ti,

ni el tiempo que pueda seguir oliéndote,

ni el tiempo que me queda aquí para olerte...


Sólo sé el tiempo que quiero gastar en ello,

y en lo joven que puedo llegar a ser a pesar de lo vieja que pueda parecer esta fotografía.


No entiendo de horarios, ni de normas morales...

de hecho siempre llego tarde a todos los sitios...

Y contigo no sé cuando llegué realmente,

ni si fue pronto o tarde...aunque más bien fue lo segundo...


No sé nada de fechas, ni nombres...

Ni siquiera sé cómo nos llamamos realmente tú y yo...

Sólo sé lo que podemos llegar a sumar...


No sé tampoco de segundos, ni minutos...porque podría pasar contigo las horas muertas...


Supongo que cada una de las escasas fotografías que tenemos ha robado todo el tiempo que ha podido en un instante, y lo cierto es que las más vivas son las que sólo nos tienen a ti y a mí...será por eso que nunca te dejas hacerlas...no sean que nos roben un pedacito de eso que llaman vida...


No sé de flashes, ni de enfoques, ni objetivos reales...

supongo que no sé nada de fotografía...


Pero lo único que sé es que hacía mucho tiempo que no me veía sonreir así...

















Muérdeme dónde y cuanto quieras...
pero hazlo con toda el alma hasta que lo sienta el corazón...

domingo, 11 de enero de 2009

El violinista



Mientras ella caminaba errante por la plaza…sentía el frío que se siente cuando tienes la necesidad del café de las cuatro, o de las seis, o de las ocho, o de las doce…
Sentía, la necesidad de correr, para sentir en calor en los tobillos, la última nota de su canción favorita, o el simple pálpito de su corazón…

Últimamente, le gustaba perderse solitaria por los adoquines de la plaza, comiendo patatas, o simplemente parándose cada dos por tres en el escaparate de enfrente mientras se ataba los cordones de sus zapatillas horteras…
Sentía esa necesidad de respirar aire puro los domingos, y esa necesidad de volar sobre el aire frío, que siempre es menos denso, las tardes en las que la bata de guatiné y el café mal hervido se apoderaban de ella…

Aquella tarde, sintió la necesidad de volar hasta la plaza teñida de rojo, o sentarse a esperar en aquel banco que juntos habían mirado tantas veces sin decir nada…
Comprendió en ese mismo momento, que quedarse dormida en los brazos del violinista aquella noche, no había sido un error, y que necesitaba de sus sinfónicas pequeñas notas para bailarle a la rutina cada día…
A ella, y a su vestido de fruta escarchada, le gustaba bailar vals con su padre, comer cerezas con su hermana, beber cerveza con sus primos, y acompañar a su amigo del alma a por una chaqueta que no le valiera a la dama de hierro…
A ella le gustaba todo eso, y mucho más…

Le gustaba perderse por los charcos helados de la plaza los 24 de diciembre…y navegar entre la bruma, sin saber que el último cálido beso de la noche, despertaría la nevada más grande de los últimos 50 años…
Ella no sabía nada, ni sabía que iba a volver a flotar entre las vetas de madera del magnífico Stradivarius, ni a tararear canciones viejas por las franjas del parquet del pasillo de su casa…
Tampoco conocía las estrofas del último eslabón de Para Elisa de Beethoven, ni si Billy consiguió ser un héroe…o no…
Pero lo que sí sabía a ciencia acierta era que, mientras las hojas de los olmos se helaban, a ella se le calentaba la sonrisa perdiéndose en luceros negros, y que se le enfriaba la nariz…si con ello conseguía que las manos del violinista alborotaran sus pecas en clave de Sol aunque fuera en dos pequeños tiempos…

Le gustaba cantar por las mañanas…y frente al espejo, y le gustaba beber café descalza…por la casa…y acariciar a su perro...

Le gustaba todo si tenía ése acento, le gustaba si se movía en pentagramas de formas armoniosas, y pensamientos blancos…

Incluso le gustaban los silencios…

Le gustaba todo…

Y la luz que desprendía el reloj de la Plaza cuando lo miraba desesperada desde su nuca…

Y dormir entre sábanas blancas, y cojines enredados…

Y perderse dormida por las calles…

Y soñar como lo hacen los gatos…

Y todo más, si las nanas salían de sus manos mientras él acariciaba el violín de Sherezade















A el violinista...
...nunca dejes de tocar...

lunes, 17 de noviembre de 2008

I can´t take my eyes off of you

Te miro a través del cristal de mi acuario y observo cada uno de los movimientos de tu boca, tan parecida a la de aquellos peces que se comían las palabras.

Te observo, y me pregunto qué quieres decirme con cada uno de tus silencios empapados.
Te observo, y me entran escalofríos que piden abrazos al ver el vidrio reflejado en tus ojos negros.

Apenas te oigo,
y sólo floto en el abismo de la soledad de mi acuario.

Floto, entre mis nubes…a veces verdes, a veces azules…a veces de los tonos que tornan los posos del café.
Floto, en las aguas que hacen mis mejores sueños.

Nado, sin saber si lo que te digo es mentira o lo que pienso sin querer no es verdad.
Nado, porque a veces, necesito no flotar.

Te miro, y no te oigo.
Apenas entiendo tus palabras entre las gotas de lluvia de tu pecera.

Te observo, intentando descifrar el juego ingenioso de tu tremenda mirada,
y no entiendo nada.

Apenas te oigo, y cuando lo consigo, es en ese idioma inconfundible y extraño que guarda el agua.
Y el agua es vida, o eso dicen.

Me pierdo, entre mis aguas dormidas, porque ya no sé si el reflejo son mis ojos o son mis ojos mi cara de pez.

Te observo, y no sé si es mentira, como tampoco sé si son mis ojos los que no pueden apartarse de ti, o los tuyos de los míos.

Lo sé, sé que me gusta bucear en tu mirada, a veces tan ausente e intentar encontrar los tesoros que un día perdiste…por bucanero.

Te busco, en el fondo de mis pensamientos y siempre te encuentro ahí, parado, con esa caracola tortuosa en la mano…que no sabe hacia donde gira su espiral.

Te escucho, intentando escucharme...


Te pido, tres segundos para retratarte.
Te pido, tres segundos para amarte.
Te pido, tres segundos para olvidarte.


Te miro a través del cristal de mi acuario y observo cada uno de los movimientos de tu boca, tan parecida a la de aquellos peces que se comían las palabras…y los besos




















Gracias



lunes, 15 de septiembre de 2008

Detrás de todo Ying...hay un Yang

Un día se me ocurrió la brillante idea de preguntar por una palabra que me definiera…a aquellos que me conocían de cerca…

Algunas de las que sonaban fueron…
De boca del galán ciego…Perfecta… (quizás mi virtud radicaba en que me viera precisamente así después de todo…)
De la ciega enamorada…Princesita (¿quién me pone la corona?)
Del loco con los ojos más verdes e intensos del universo…Descarada… (a ti si que te doy la razón…”rey”)
De mi princesa más tierna, nuestro más tierno mote…
Y del clon que nació años después…la definición que más libre en mi estilo me permitía estar…

Meses más tarde…recibí otras definiciones que anulaban las pasadas…
Pasé de tener frío…a ser pizpireta; y de ser ciega… a ver con mis propios ojos…

Son muchas las cosas que desde un tiempo aquí han cambiado a mi alrededor…pero a mí se me siguen gustando las cosas de siempre…

Me gusta que me besen lento, pero que me muerdan en el labio inferior…
Me gusta que me abracen por la cintura…tan fuerte que no me pueda escapar…
Me gusta mirar a los ojos del que me mira…
Me gusta hacer reír a los demás y que ellos me hagan reír…

Me gusta darle vueltas al café con el tono de una conversación profunda…
Me gusta bailar en la ducha…
…y oír cantar al gato que llevo dentro cuando estoy sola
…y cocinarme tallarines
…y leer los subtítulos de las películas a mi abuela
…y aburrirme los domingos
…y dormirme, aún a estas alturas, en las rodillas de mi madre
…y poner la radio y que suene ESA canción
…y pasar a un bar y encontrarme con ESE chico
…y beber cerveza en buena compañía
…y comprarme zapatos que no me pongo
…y que me digan guapa, aunque sea mentira
…y que me miren a los ojos para hablarme
…y jugar con mi pelo a todas horas
…y cruzarme con el chico de ojos verdes por la calle por la simple razón de que me sonría
…y que me agarren las manos para besarme
…y que me hablen al oído
…y oler los besos que me dan o que doy
…y que me cuenten secretos sin importancia
…y otros que sí la tengan
…y soltar burradas
…y acumular cerezas en mis bolsillos
…y regalar abrazos…o sonrisas…o lo que sea
…y que se me pase el tiempo volando con mis amigos
…y con los que no lo son…

Me gusta ser así…
…tan fría
…tan rara
…tan efímera
…tan loca
…tan burra

Y rescatar a mi princesa perdida…
Y soportar kilos de lágrimas si la situación lo requiere
Y discutir con mis padres
Y hacerles reír…

Me gusta así…
…y no de otra manera


Si quieres…te cuento una historia de princesas…pero yo no seré la protagonista
Si quieres…te la cuento de miedo… y a lo mejor ahí…si está la bruja…

O si quieres…no te cuento nada… y me limito a jugar con tus rizos entre mis dedos…
O jugar con tu boca mientras duermes…
O dibujar tu esbozo de ensueño sobre el lienzo de mi boca


Tú, simplemente, pon el papel…que ya pongo yo el resto







Se ha abierto la puerta...y se ha escapado la fiera...
...rompiéndolo todo a su paso...
Sin ti, no habría ni un Ying ni un Yang en la fotografía...

domingo, 4 de mayo de 2008

Geometría básica


Dicen que la ordenación de las pipas de girasol sigue una espiral de la que obtendríamos los números de la secuencia de Fibonacci con un par de coordenadas sobre un eje básico de dos líneas cartesianas.
Yo misma he visto las formas perfectas que se esconden en los rincones de la naturaleza: abejas de vuelo imposible, hormigas de fuerza atómica, perfecciones aerodinámicas en granos de polen, sistemas locomotores de perfección infinita, radares de máxima sensibilidad, vistas privilegiadas…
Hoy frente a la puerta de mi segunda casa, me he deleitado entre las nubes de algodón que volaban cerca de mí…eran pequeños olmos en suspensión.
Un día me dijeron que los olmos de Medicina estaban mal plantados, algún absurdo habría plantado todos los machos allí…y las hembras estarían en Biología…irónica coincidencia para el día de hoy.

Los pasillos parecían hoy desiertos, la gente estaba aún volviendo de casa; muy seguramente con lágrimas en los ojos…ya se sabe, la familia…
Sin quererlo me metí al baño, una vez más, esta vez con un mal sorbo de café frío en la boca…con una mueca de disgusto en la cara…

Mirarme hoy al espejo, no era precisamente, un deleite…pelo mal peinado, cara de insomnio, agobio en el cuello y manos, riñones hinchados…
La arquitectura de mi cuerpo podría decirse que es imperfecta:
Últimamente las rodillas me fallan más de la cuenta, y lo debido;
La cabeza parece andar por sí sola y los hombros encogerse por cada suspiro del día que pasa.

Ya un día sin quererlo, descubrí a mi nariz torcida, a mi ojo más grande, a mi pie más torcido, a mi deforme mano derecha en la tercera falange, a mis emborronada palma izquierda, y a mi pecho desviado al horizonte…

Sin quererlo, me dí cuenta de que cada uno de mis errores me hacía ser simplemente así, yo misma en toda mi imperfección absoluta y auténtica. Llena de defectos que componían precisamente la biología de mi pensamiento.

Luché psicológicamente contra mi mente, intentado arrebatarle la forma que tenía mi corazón…no dijo nada…
Busqué entonces por mis cajones y armarios, buscando alguna anotación en sucio donde alguna vez hubiera escrito algo sobre ello.
Encontré todos los armarios vacíos; no contenían más que restos de polen de olmo blanco, invitándome a sentarme.
Después de pensar y recordar, desperté de mi ensueño y busqué en el séptimo cajón del tercer armario de mi buhardilla.
Encontré uno de esos viejos juguetes que tanto me gustaban: esas cajas para meter formas de madera, pequeñas muestras de geometría en miniatura.

Curiosamente, no la recordaba, y más sorprendentemente aún…mi caja sólo tenía un agujero, en concreto, un triángulo escaleno…
Me toqué en el pantalón y descubrí que aquel día que puse la lavadora olvidé sacar una pieza que me habían regalado…intenté meterla en mi caja…

Aún lo sigo intentando, y es que el círculo perfecto no cabe en el triángulo escaleno; ya se sabe: pura geometría básica.








de fondo: el tic tac del reloj

martes, 15 de abril de 2008

Si respiro, me ahogo...


No sé qué me pasa que de mi boca sólo salen palabras sin sentido.

No sé qué es lo que tengo aquí guardado que no sabe si salir, si quedarse ahí, quieto callado…o si por el contrario quiere salir bufando y arañando todo lo que encuentre a su paso.

No sé si en el fondo, tengo trastorno bipolar, o es que mi corazón simplemente es un ying-yang retorcido en tonos blanco y negro.

No sé si me molestan las caricias del viento, o los rasguños del paso del tiempo.

No sé si me ahogo en un mar de cerezas (de esas que últimamente parecen caer de los árboles regidas por una regla bioestadística condenada al fracaso), o en un vaso de sentimientos.

No sé si soy espontánea, o soy una de esas reacciones más de la vida, supuestamente libres, que siguen indecorosamente a Gibbs.

No sé si la distribución de mis días sigue una probabilidad caótica, o si por el contrario, mi vida está tan determinada que pierde el gusto por lo inesperado y le sabe mejor lo cotidiano.



Ya no sé si soy yo, o es el mundo el que gira al revés…o si en realidad vivo ya en Júpiter (pasando de Venus muy lejos) deseándolo hacer en Burguess Shale.

Ya no sé si la chica de pestañas largas me conoce mejor que la imagen que se refleja en el espejo del baño, o si realmente la pecosa que duerme debajo de mi cama sabe perfectamente lo que quiere y se dedica a pasar su tiempo jugando conmigo por las noches, como si en sus delirios infantiles se encontraran las únicas respuestas…

Ya no sé si la congestión se me ha subido a los pies, o bajado a la cabeza…y es que lo único que sé es que si respiro, me ahogo.








Pequeño dios, te cojo prestadas unas cuantas cerezas ;)


y es que esta vez, la inspiracion salio de nuevo en una conversacion a trompicones

lunes, 31 de marzo de 2008

~Su princesa perfecta~

Cada mañana se asomaba a su balcón esperando la respuesta que le traería el viento (hoy qué tocaba, ¿traje negro o amarillo?).

La observaba atentamente peinar su pelo, lavar su cara, abrochar su ropa, pintar sus labios, tomar su café (dos de azúcar), coger su bolso, correr con sus zapatos en la mano para no molestar a los vecinos, enmarañar su pelo para que tomara algo de forma, encender el teléfono, cerrar la puerta de casa (sólo dos vueltas) y todas esas cosas que a ella siempre le quedaban tan bien…
Y siempre se hacía la misma pregunta: ¿por qué?
¿Sería por su manera de mirar?
¿De andar?
¿De conversar?
¿De pensar?
¿De escuchar?
¿De bailar?
¿Por sus caderas de sirena?
¿Por su nariz de avellana?
¿Por sus pecas de gominola?
¿Por su derroche de color?
¿Por su aroma a orquídea asilvestrada?
¿Por su genio de bruja?
¿Por su pelo de hada?
¿Por su inteligencia de duende?...

Analizaba en su cabeza cada uno de sus movimientos buscando respuesta a cada una de sus preguntas…

¿Sería obsesión?
¿Un devaneo más de su locura?
¿Un hechizo de sus manos?
¿Un capricho?
¿Un imposible?
¿Una mera ilusión?
¿Un sueño?



De repente, una vez más, se dio cuenta de que las lágrimas estaban empezando a congelarse en sus mejillas a causa del frío de las estúpidas e indecisas mañanas de marzo (hoy, ¿de qué tocaban? ¿De jolgorio? ¿O de tristeza?).
¿Conseguiría algún día, averiguar cuáles fueron las ideas que volaban por la mente de la dama de enfrente?
Sabía que no: no era mago, y de la cabeza de seda nunca salían las ideas, siempre se quedaban enredadas…



Decidió secarse las lágrimas, ya era suficiente con el agua que se cernía en las nubes del cielo; por desgracia, hoy volvería a llover dentro y fuera de casa.

En cada una de sus lágrimas la imagen de un recuerdo…
Recordó como una vez fue casi suya, y también cómo le pudo el miedo.
Recordó como por un instante se fundieron en un solo cuerpo: cómo por una vez, “el uno más uno” sumaban solamente uno.

Después, una gota calló en su cara, y decidió que era el momento de cerrar la ventana y dejar de mirar atrás.
Se hacía tarde y apenas le daría tiempo a llegar a trabajar.

Como cada día se vistió y lavó como pudo; desayunó el café “mal” cortado de siempre, y cogió las llaves de casa.
Cuando pasaba por el espejo del portal se peinó las canas de su cabeza (seguían tan desastres como siempre), se metió su camisa fea por dentro del pantalón y sacudió sus zapatillas viejas en la alfombrilla…un día más preparado y listo para bailar el vals de la monotonía.

Al abrir la puerta, una inesperada bofetada de aire cálido le sorprendió. Sin haberlo querido se había cruzado con ella y su sonrisa indiscreta.

Después de tantos años, vio que seguía siendo “su princesa perfecta”…






Escrito a tientas sobre la almohada,

con mis morenos al lado como inspiración...